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martes, 9 de mayo de 2017

Renate o la vida siempre como en un comienzo, de Francisco Massiani





Título original: Renate o la vida siempre como en un comienzo
Autor: Francisco Massiani
Editorial: Otero Ediciones
Páginas: 80

La búsqueda de identidad y libertad sexual se evidencia también en el narrador protagonista de Renate o la vida siempre como en un comienzo, la segunda novela que compone esta edición. Aquí los adolescentes conviven por las calles de Madrid y disfrutan su juventud, y su desocupación, a través de la bebida, cigarros y paseos a los suburbios de la ciudad, casi siempre con alusiones de amor juvenil y encuentros eróticos pero no necesariamente con el clímax como desenlace. El centro de la novela es la atracción entre el narrador y Renate, y el deseo del primero por pasar la mayor parte de su tiempo junto a ella, antes de que parta a Lisboa y él a Venezuela. 


Massiani es siempre un frescor. Su narración es similar a una conversación trivial con algún amigo en la que se comienza hablando del mar y se termina hablando de jazz ¿cómo se llegó ahí? No lo sé, pero se llegó. Con Massiani las páginas van pasando, las acciones van pasando, y uno no se da cuenta de cómo llegó al café, al hotel, al campo, gracias a la narración ligera y a la forma en que cada situación se va entretejiendo con la otra, de manera que nos volvemos parte del viaje que nos narra. Escribió esta novela a los 21 años y su juventud está patente en cada palabra. Fue agradable leerlo e imaginarlo viviendo lo que escribía (pues Renate está bastante inspirada en vivencias del propio Massiani), lo que sin duda me hizo disfrutar la lectura mucho más. Al igual que en su novela posterior Piedra de Mar, a pesar de que muy probablemente la ligereza de su narración se deba a su propia inexperiencia, esta queda como anillo al dedo a los personajes que construye. En Renate me encontré nuevamente con un joven internamente atolondrado, ansioso, sexual, que se lanza sin miedo y con calma en cualquier situación que se le presente o que se le antoje, con los caprichos propios de su edad y su deseo por cumplirlos. 

Sin embargo, lo que más disfruté de toda la novela, fueron algunos momentos, guiños, en los que el autor demuestra su verdadera capacidad literaria. Fueron pequeñas y gratas sorpresas que me fui encontrando a lo largo del camino, en las que reflexiona de manera muy íntima acerca de una visión muy particular del mundo y, más interesante aún, de su relación y su lugar en el, acerca de sí mismo, de cómo el entorno influye en él. 

Otra cosa que tiene a su favor, es la intuición que ya tenía desde tan temprana edad para describir los lugares. De forma sencilla, Massiani te hace sentir todo vívidamente. El calor de la ciudad, el frescor del agua, el sofocamiento de una habitación, las sábanas y la grama se hacen palpables. De una manera extraordinaria, te mete en el contexto hasta verlo todo tan claro como si estuvieras realmente ahí. Casi llegas a sudar, a sentirte sediento, a escuchar el bullicio de los turistas. Y esa sensación de viaje es increíblemente placentera. Más que leer una novela, sentí que viajé a Madrid. 

En general, Renate o la vida siempre como en un comienzo me dejó igual que Piedra de Mar, muy ligera, muy satisfecha. Pero incluso habiendo escrito la primera dos años antes que la segunda, Renate me dejó un mejor regusto en la boca.



martes, 25 de abril de 2017

Los Miserables, de Victor Hugo



Título original: Les Miserables
Autor: Victor Hugo
Editorial: Debolsillo
Año: 2009
Páginas: 1782

«La más extensa y famosa obra del célebre autor francés (1802-1885), un retrato social a través de personajes maltratados por la justicia, por la prisión o la pobreza. Una obra monumental, de gran valor histórico, que ilumina un periodo decisivo en la historia de Francia, desde la batalla de Waterloo. Y todo un monumento del romanticismo literario. Personajes tratados a fondo, en su interioridad, hombres enfrentados a los grandes temas, entre ellos la esperanza de la misericordia de Dios.»




Es de noche, quizás alguien nos acompaña. Las calles están solas, nadie nos ve, y frente a nosotros una edificación de aire solemnísimo se levanta ante nosotros. Entre las puertas, vemos una rendija abierta. La curiosidad nos vence y con paso sigiloso decidimos entrar, sin hacer ruido, mirando todo. Así se siente abrir Los Miserables y leer la primera página. La lectura toda de Los Miserables contiene la magnificencia de una gran iglesia, donde puede escucharse el eco de la caída de una aguja, donde santos desde sus pedestales y Jesús sobre su cruz nos observan, y aun así no sentimos miedo, solo una imperante necesidad de hacer silencio para escuchar el grito al vacío que profieren los lastimeros habitantes de la Francia que conocemos a través de Víctor Hugo.

Victor Hugo se pasea entre la novela romántica y realista para mostrarnos a través de ciertos personajes, distintos grupos de personas que conformaban la Francia del siglo XIX, post Revolución Francesa y cuando un nuevo rey se situaba de nuevo en el trono: el hombre condenado injustamente, que es pobre, que conoce el hambre y la crudeza del hombre y que aun así puede redimirse, la mujer abandonada, desdichada, que trabaja sin parar, los niños sin infancia y los jóvenes sin juventud que se han familiarizado más con la muerte que con la vida, el hombre que solo tiene fe en su forma de hacer justicia y el hombre que solo tiene fe en el dinero. Todos estos personajes, ubicados en tiempos y espacios diferentes de la historia, se conectan gracias a una misma cosa: la esperanza, tan difícil de mantener en un tiempo de cambios radicales, caídas y ascensos de monarcas. Por eso esta novela ha trascendido tan inevitablemente en el tiempo, porque yo misma, mientras escribo esto, siento que estoy escribiendo del mundo actual. Porque Victor Hugo escribió del hombre mismo, él lo conocía bien, de lo que puede hacer remover su alma, de rabia, de amor, de pasión. Por eso el lector puede llegar a sentirse tan conmovido. 

De mano de Victor Hugo, narrador omnisciente, vamos observando cada pedazo de Francia como si lo pusiéramos debajo de un microscopio. Las batallas narradas son una delicia, están descritas con un esplendor tal, que uno realmente llega a sentir que lo está viendo, en vivo y directo, a través de una ventana. Los detalles no faltan, llegamos a conocer todo acerca de cómo vivían los franceses así como llegamos a conocer hasta el último trozo del alma de cada personaje. Entendemos por qué actúan como actúan o por qué sienten como sienten. Los entendemos, porque vemos nuestra humanidad reflejada en la suya, como si de un espejo se tratara. 

La lectura de Los Miserables es una travesía maravillosa, un verdadero viaje. Un viaje a la esencia del hombre y a lo que lo mueve, a la dicotomía eterna que se genera entre el bien y el mal. Aunque a simple vista Victor Hugo pareciera llegar a ser utópico (porque sí lo es en ocasiones) mostrándonos fuertes contrastes en los que solo se es bueno o malo, la verdad es que sus personajes nos demuestran otra cosa. Estos están llenos de matices, como cualquier persona ordinaria que conozcamos.  
Tengo demasiadas cosas que decir acerca de este libro y esto no es más que un suspiro. Sin embargo, quise compartir algunos pensamientos al respecto, pues es un libro que me ha fascinado y que recomiendo a cualquiera que le apasione leer.